lunes, 11 de noviembre de 2013


Esperé para asegurarme de que la había entendido bien, ya que nunca había escuchado ese nombre. Era extraño, así que solo contesté cuando estuve segura de saber pronunciarlo.
-      ¿Ekko qué más?
Me miró fijamente durante un instante. La confusión había vuelto a sus iris de hielo.
-      ¿Cómo que qué más?
-      Me refiero a tu apellido. ¿Cuál es tu nombre completo?
-      Ekko es mi nombre completo. – Contestó con tono desorientado. - ¿Qué es un apellido?
 Esa pregunta me pilló desprevenida. Ya podéis imaginar lo complicado que fue para mí encontrar una respuesta decente en ese momento.
-      Pues… Es una palabra que va justo después de tu nombre y que compartes con toda tu familia. Mi padre dice que los apellidos son importantes, porque por ellos puedes saber el nivel o la fama de las familias; pero yo pienso que eso es estúpido. Mi nombre completo es Lisbell Peyren, pero si vamos a estar mucho tiempo juntas puedes llamarme Lis.
-      ¿Por qué Lis?
 Titubeé. ¿Por qué Lis? Nadie me llamaba así, ni lo había hecho nunca.
 No, claro que no. Yo siempre había sido Lisbell o la “señorita Peyren”. No tengo nada en contra de mi nombre, pero la sensación de criarse en un entorno donde nadie te llama de forma cariñosa cuando eres pequeña no es agradable.
  Supongo que fue una especie de rechazo a tanto protocolo, un pequeño acto de rebeldía. Era algo de lo que nadie se daría cuenta, pero lo había decidido sola y me sentía bien solo con eso.

 Las horas siguientes transcurrieron sin mucha novedad. Ekko era fría, misteriosa y ligeramente mecánica, pero comprendí que no dejaba de ser una persona. Me transmitía mucho respeto e incluso me inquietaba bastante en ciertos momentos, pero el pánico que sentía al mirarla poco a poco se fue transformando en curiosidad.
 Sé que puede sonar extraño. Haberla aceptado sin más después de una experiencia tan traumática, sin duda es difícil de creer. A veces me da por recordarlo y tengo que admitir ante mi propia conciencia que yo tampoco lo comprendo muy bien.
 Los niños son diferentes, nobles. No tienen malicia y pueden intentar comprender a una persona aunque esta se lo haya hecho pasar mal, y si hay algo de lo que realmente me alegro es de haberla conocido siendo una niña.
 Tras un tiempo indefinido de charla, las emociones me pasaron factura y mi cuerpo me obligó a dormir, así que me arrebujé entre las mantas con una leve sonrisa.
 Aunque no comprendía del todo lo que eso quería decir, aquella noche había empezado desde cero. La resignada y obediente Lisbell había dejado un hueco para mi nuevo yo. Había nacido Lis.

1 comentario:

  1. Hola!! Acabo de descubrir tu blog y me parece muy original. Si quieres te sigo y me sigues :) Un beso!!

    ResponderEliminar